El cielo gris y la lluvia incesante han teñido de alerta a gran parte del país, desde el norte chico hasta el sur. No es un temporal cualquiera.
La Dirección Meteorológica lo calificó como uno de los episodios más significativos de los últimos años por su extensión geográfica e intensidad. Pero mientras las noticias hablan de 99 mil personas aisladas, cinco fallecidos y miles de viviendas dañadas, hay una realidad que debería detenernos:
225 mil personas mayores de 60 años habitan en zonas de alto riesgo. No son números. Son vidas que el agua golpea con una crueldad desigual.
El norte y el sur, tan distintos en paisaje, comparten una misma herida. En la Región de Coquimbo y la provincia del Huasco, el gobierno decretó zona de catástrofe. Allí, cerca de 100 mil personas permanecen incomunicadas por la crecida de ríos y esteros.
En el Biobío y La Araucanía, las lluvias han cobrado vidas: un trabajador de 53 años en labores de despeje, un hombre de 65 años que cayó del techo de su casa, una persona electrocutada en Cerro Navia. Y en medio de este escenario, ¿dónde están los rostros de quienes ya son frágiles antes de que el agua llegue?
"Los temporales evidencian 'dos heridas' que deben prevenirse en conjunto: la ambiental y la patrimonial del propio hogar. Pero hay una tercera herida, más profunda y silenciosa: el aislamiento social y la soledad no deseada". — Dr. Juan Carlos Molina, médico geriatra.
Un estudio chileno publicado en enero de 2026 en Frontiers in Psychology reveló que cerca del 49% de las personas mayores declara sentirse sola y el 56% presenta un alto riesgo de aislamiento social. El 13,75% de los adultos mayores chilenos vive solo, una proporción que ha ido en aumento.
La pandemia, aunque ya pasó su fase más restrictiva, dejó secuelas persistentes en la salud mental de esta población. ¿Qué ocurre con ellos cuando el agua corta caminos, la luz se va y el teléfono no tiene señal?
El aislamiento forzado que impone el temporal no es solo una molestia logística. Es un acelerador del deterioro físico y cognitivo. La Dra. Agnieszka Bozanic Leal, presidenta de Fundación GeroActivismo, advierte que reducir espacios de acompañamiento y participación
"no es un ajuste neutro: tiene consecuencias directas sobre la salud mental, física y social". Menos estimulación, menos movilidad, menos seguimiento significan mayor riesgo de dependencia, caídas y deterioro acelerado.
La evidencia internacional incluso muestra asociación entre aislamiento social y mayor mortalidad. La soledad sostenida no solo afecta emocionalmente: impacta el cerebro, el cuerpo y la expectativa de vida.
El gobierno ha desplegado recursos: decretó zona de catástrofe, movilizó a las Fuerzas Armadas y activó albergues. La ministra de Desarrollo Social, María Jesús Wulf, ha llamado a revisar condiciones de vivienda, asegurar medicamentos y mantener redes de apoyo vecinal. Pero el desafío va más allá de la emergencia inmediata.
La nueva Ley Integral de Personas Mayores, aprobada en marzo de 2026, establece 15 derechos específicos y reconoce el abandono social como figura legal. Sin embargo, la ley en el papel no calienta una casa ni previene una caída.
Lo que este temporal nos muestra es que la vulnerabilidad de las personas mayores es estructural. Las políticas públicas de envejecimiento no pueden esperar al próximo sistema frontal. Se necesitan viviendas seguras, centros diurnos que funcionen como refugios de emergencia, programas de acompañamiento sustained y una inversión real en cuidado. La evidencia es clara: no es la edad la que enferma, sino el abandono, la exclusión y la falta de políticas de cuidado sostenidas.
En 2028, por primera vez en nuestra historia, morirán más personas de las que nacerán. Uno de cada cinco chilenos ya tiene 60 años o más, y hacia 2050 seremos un tercio de la población. El temporal de estas semanas debiera ser una alerta para acelerar la implementación de lo que la ley promete: autonomía, cuidados y protección real.
Mientras los pronósticos se actualizan, la pregunta que debiéramos hacernos como sociedad es: ¿estamos construyendo un país que cuida a quienes nos cuidaron a nosotros?
Porque si la respuesta es aún incompleta, entonces el temporal no es el único frente que debemos enfrentar. También está la tarea de tejer una protección que no dependa del clima y no sea indiferente con las personas mayores que dieron todo por nuestra sociedad.
Por Solange Martínez Jofré.
Fonoaudióloga, MBA con especialización en Salud.
Diplomada en Geriatría, Gerontología y Salud Mental).
Publicado por: Francisco Muñoz Almendras.
Enfermero | Diplomado en Docencia.
Corresponsal y Editor Área de Opinión.
Locutor Radio Mía 89.3 FM.