Hace apenas unos días, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) confirmó lo que muchos veníamos anticipando: la población chilena superó los 20 millones de habitantes, pero este hito es solo el preludio de un cambio demográfico sin precedentes. El país alcanzará su punto máximo de población en 2035 y, desde allí, comenzará un descenso imparable que nos dejará con poco más de 16,9 millones de personas hacia 2070. La razón es simple y demoledora: a partir de 2028, las defunciones superarán a los nacimientos en Chile por primera vez en su historia.
Detrás de esta cifra hay una realidad que nos interpela profundamente como sociedad. La tasa global de fecundidad cayó a 0,92 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo, mientras la esperanza de vida sigue su curso ascendente. Si en 1992 los menores de 15 años representaban casi el 30% de la población, para 2070 apenas serán el 7,2%. En contraste, las personas de 65 años o más ya superarán el 40% proyectado hacia ese año. Como bien resumió la académica María Jesús Hald:
Detrás de esta cifra hay una realidad que nos interpela profundamente como sociedad. La tasa global de fecundidad cayó a 0,92 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo, mientras la esperanza de vida sigue su curso ascendente. Si en 1992 los menores de 15 años representaban casi el 30% de la población, para 2070 apenas serán el 7,2%. En contraste, las personas de 65 años o más ya superarán el 40% proyectado hacia ese año. Como bien resumió la académica María Jesús Hald:
"Chile enfrenta un proceso de envejecimiento poblacional que dejó de ser una proyección futura: hoy es una realidad".
Esta combinación de natalidad en caída libre y longevidad creciente ha transformado radicalmente la composición de nuestra sociedad. El índice de envejecimiento ya supera las 80 personas mayores por cada 100 menores de 15 años y, para 2045, la población de 65 años o más triplicará a la infantil. No es una crisis futura. Es el presente.
"La mirada paternalista y asistencialista nos ha hecho creer que llegar a la vejez
es sinónimo de fragilidad, enfermedad y carga".
es sinónimo de fragilidad, enfermedad y carga".
Sin embargo, el debate público, centrado casi exclusivamente en el déficit de las pensiones, ha secuestrado la conversación sobre la vejez. Nos hemos enfocado en el "fin" de la vida laboral, pero hemos olvidado preguntarnos qué sucede con la vida después de los 60, 70 u 80 años.
"Sin embargo, el 79% de las personas mayores ve con optimismo la etapa que viene después de los 60, y el 55% declara que seguiría trabajando aunque no lo necesitara económicamente. Estamos ante una nueva generación de 'seniors' activos, saludables y con una firme vocación de seguir contribuyendo."
Es imperativo, entonces, un cambio de paradigma que nos permita ver el envejecimiento como la oportunidad estratégica que realmente es. Esta oportunidad tiene pilares fundamentales que debemos empezar a construir con urgencia: la economía plateada, la innovación, el emprendimiento senior y la participación social.
La economía plateada es el nuevo motor del desarrollo. Este cambio demográfico, lejos de ser una amenaza, crea un nuevo nicho de mercado con un enorme potencial. A nivel global, este mercado mueve más de 22 billones de dólares anuales. En nuestro país, las personas mayores de 50 años representan el 27% de la población y contribuyen con cerca del 39% del PIB; son consumidores, productores e inversores. Sin embargo, el mundo empresarial chileno ha reaccionado con lentitud.
Datos de la primera Encuesta Empresarial de Economía Plateada de Sello Mayor revelan que el 85% de las empresas nacionales no ha desarrollado nuevos productos o servicios para este segmento en los últimos dos años, y el 53% ni siquiera ha adaptado sus canales de atención. Se requiere una política de Estado que incentive la innovación y la inversión en este sector.
Datos de la primera Encuesta Empresarial de Economía Plateada de Sello Mayor revelan que el 85% de las empresas nacionales no ha desarrollado nuevos productos o servicios para este segmento en los últimos dos años, y el 53% ni siquiera ha adaptado sus canales de atención. Se requiere una política de Estado que incentive la innovación y la inversión en este sector.
"La innovación y la productividad de un país no pueden depender
únicamente de la energía juvenil".
únicamente de la energía juvenil".
Chile no puede darse el lujo de desperdiciar el talento senior. La experiencia, la capacidad de análisis y la resiliencia del talento mayor son activos intangibles de incalculable valor. El mercado laboral chileno ya está envejeciendo: las personas entre 55 y 64 años fueron uno de los grupos que más aportó al crecimiento del empleo en los últimos meses. Sin embargo, el edadismo sigue profundamente arraigado: el 38% de los adultos mayores identifica el trabajo como el principal espacio de discriminación por edad, y el 42% de los mayores de 60 años que trabaja lo hace en la informalidad.
La clave está en fomentar un ecosistema de aprendizaje continuo. Iniciativas como el programa "OpenSeniors" o el Fondo 55+ apuntan precisamente a financiar e impulsar la capacitación permanente con foco en empleabilidad y autonomía digital. Invertir en esto no es un gasto, es invertir en productividad y resiliencia económica. Como plantea el académico Pedro Pizarro Cañas, la mayor longevidad nos enfrenta al desafío inevitable de fomentar una extensión de la vida laboral, haciéndola compatible con las décadas de vida que quedan por delante.
"El emprendimiento senior es hoy el camino hacia la autonomía y el propósito. La rigidez del mercado formal está empujando a muchos mayores de 50 años hacia la independencia; este segmento ya representa el 31,6% de la fuerza laboral en Chile, equivalente a 2,9 millones de trabajadores."
Programas de fomento público y privado han demostrado el interés latente al recibir miles de postulaciones de emprendedores que buscan herramientas de digitalización y maquinarias. Este fenómeno no es solo un refugio laboral, es una fuente de innovación y transferencia de conocimiento, por lo que el país necesita simplificar con urgencia sus regulaciones y facilitar el acceso a financiamiento para este grupo.
Finalmente, la participación social es el pegamento de una sociedad cohesionada. Que la mayoría declare que seguiría activa nos demuestra que esto no es una cuestión de dinero; es una cuestión de dignidad, propósito y pertenencia. Las personas mayores quieren ser vistas como ciudadanos activos con derechos y contribuciones valiosas, no como sujetos pasivos de asistencia. Fomentar la integración intergeneracional en el trabajo y en la comunidad es clave para terminar con el edadismo, mejorar la cohesión social y la salud mental de todos los involucrados.
Chile tiene la oportunidad de liderar en América Latina un nuevo enfoque de envejecimiento activo, digno y productivo. Sin embargo, para lograrlo, necesitamos un pacto social que trascienda las urgencias del día a día. Las autoridades deben dejar de ver a las personas mayores como un problema y empezar a reconocerlas como el activo estratégico que son.
Mientras sigamos hablando de los adultos mayores desde la mirada exclusivamente asistencialista, seguiremos diseñando políticas reactivas en lugar de estrategias transformadoras. El desafío no es cómo costear una vejez pasiva, sino cómo construir una sociedad para todas las edades, donde los años vividos sean sinónimo de experiencia, vitalidad y potencial económico. Si seguimos con la inercia del "país antiviejos", el gran perdedor será el propio Chile.
Fga. Solange Martínez Jofré
Fonoaudióloga, MBA con especialización en Salud.
Diplomada en Salud Mental y Psiquiatría.
Diplomada en Geriatría y Gerontología.
Diplomada en Envejecimiento, Vejez y Salud Mental en Personas Mayores.
Publicado por: Francisco Muñoz Almendras.
Enfermero | Diplomado en Docencia.
Corresponsal, editor y Locutor Radio Mía 89.3 FM